lunes, 17 de agosto de 2009


Yo sé que están abandonados, estamos abandonados y Concienciobediencia y Kamchatka son víctimas primarias de este abandono absoluto. Me ando divirtiendo en otras cosas y pagando el precio de postergar estudios por trabajo en el otro lado. Pero eso no quiere decir que cada noche no tenga escozor de manos por escribir, sobretodo ahora que se viene diciembre, sobretodo ahora que me estoy enamorando. En todo caso, sólo anunciar que se vienen cambios radicales para estos dos blogs. Y qué serán pronto. Me pongo en campaña con prisa y retomo la trinchera literaria.

Eso, un aviso institucional y salud!
 
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jueves, 6 de agosto de 2009


"Pero te quiero país de barro,
y otros te quieren.
Y algo saldrá de ese sentir"

Julio Cortazár - La Patria



Ha sido un 6 de agosto lleno de todo. No faltaron los que hicieron política, los quejumbrosos, los fatalistas, los optimistas, los ultrapatriotas, los nacionalistas, los indigenistas, los mala leche, los fanáticos, los soñadores y los que mejor me caen, los silenciosos, los patriotas a tiempo completo, del día a día.

Como sea, en lo personal ha sido un día de reflexión y alegría. Leí en un tweet que decían "este es el país que más amo, pero el nacionalismo me lo paso por el orto" y quizás ello refleja un poco porque el 6 de agosto, en mi caso/casa fue un día de recogimiento y regocijo al mismo tiempo.

Este país no deja de enternecerme. Y no hay un sólo día que despierte sin pensar que ser boliviano es un regalo, no una condena. Más bien, como la vida, una plenitud. Un día a día.

Y como no soy buena para estas cosas patrióticas y soy harto cursi con todo. Nuevamente voy a compartir un texto al que me suscribo militantemente, del maestro Rossell.





Bolivia 2.0

Claudio Rossell

A los 184 años de la primera fundación de la República y en medio de un proceso de transformación estructural —no exento de frustraciones, contradicciones y dolores—, asistimos a la refundación de Bolivia (hoy Estado Plurinacional, le pese a quien le pese), que nos exige, más que lamentos por lo que se queda atrás, un decidido esfuerzo por hacer realidad lo que queremos del futuro.

Si atendemos a los constantes lamentos de los viejos dirigentes, de los que se quisieran alternativa al actual Gobierno, de los que se saben desplazados del poder, deberíamos comenzar a buscar un lugar donde emigrar, pues estamos a un paso del momento en que se apaga la luz y el último en salir cierra la puerta. Si escuchamos a quienes desde el ejercicio del poder se llenan la boca con el “proceso de cambio” y sus maravillas, deberíamos sentarnos a disfrutar de un país nuevo y a hacer planes para “sacarle el jugo” a nuestra recién estrenada plurinacionalidad, a nuestra condición intercultural.

Pero, ay, ambas posiciones están equivocadas.

El momento histórico que vivimos no es ni un camino equivocado ni, mucho menos, el final del escarpado sendero. Todo lo contrario: estamos recién en la primera fase de un largo recorrido que, bien andado, nos permitirá superar gruesos errores arrastrados por casi dos siglos. No otra cosa significa asumir que detrás de la etiqueta de “pluricultural y multilingüe” hay seres humanos cuya diversidad siempre ha escandalizado a cuantas personas aún hoy creen que la única manera de construir nación es haciendo valer sus diplomas académicos, su pretendida condición de “intelectuales” o sus pequeñas certezas de que el desarrollo es una calle de sentido único en la que hay que derribar cualquier obstáculo que aparezca, incluso si éste es, irónicamente, el pueblo cuyos intereses se dice defender.

Cuánto bien nos haríamos —le haríamos a Bolivia— si en vez de rasgarnos las vestiduras o afilar las espadas para impedir el avance del proceso invirtiésemos esa misma energía en aprender de la sabiduría implícita en los actos de esos que algunos desaforados llaman “ignaros”, “rústicos” o, simplemente, “indios ignorantes”, en comprender que las verdaderas respuestas a la incertidumbre no están en los dictados de las potencias, sino en el modo en que cotidianamente satisfacen sus necesidades quienes desde su marginación, su exclusión, hallan razones para seguir y encima les sobra para alimentar la esperanza.

Seguramente todos esos discursos que hablan de democracia tendrían sentido, podrían convertirse en acción constructiva si quienes los pronuncian tuviesen el valor de abandonar sus cómodas torres de marfil, los elegantes salones donde discuten lo mal que les sienta la transformación estructural y comenzaran a escuchar al que piensa distinto, no “tolerando”, sino compartiendo, aprendiendo y, sobre todo, mirando las cosas que unen y no las que dividen.

Todo esto no debe ser fácil, sobre todo para quienes siempre se han creído naturalmente dotados para señalar el camino y hoy son presa de una incertidumbre tan grande que sólo produce confusión e inspira actitudes insensatas. Sin embargo, no es imposible, pues al señalarse la urgencia de “defender la democracia” o “evitar la tentación autoritaria” se está planteando un camino que todos —y no sólo los de la vereda del frente— debemos transitar.

¿Qué mejor regalo podemos imaginar para Bolivia que el esfuerzo de ser todos partícipes y, sobre todo, responsables de su devenir?


 
posted by La Vero Vero at 9:59 p. m. | 2 comments