lunes, 6 de julio de 2009


La indignación nunca debe ser tan profunda/
que no pueda hacer explosión.

(Stanislaw Lec)

Yo que sé. A veces caemos presa de la razón indolente y priorizamos cosas que no deberíamos o a veces le damos demasiado sonido a aquello que es, apenas, un susurro. No lo sé, de verdad.

Sé, a la vez que pertenezco a un lugar muy bonito. Un lugar donde todos nos damos la mano cuando lo necesitamos. Un lugar, en el que de alguna manera u otra hemos podido construir la patria grande que tanto soñamos. Un lugar en el que, realmente, no existen las fronteras y podemos involucrarnos hasta el punto de sangrar la vida de ese otro, nuestro, que tenemos al frente.

Hablé con una persona de ese lugar el viernes por la tarde-noche. Me dijo que las cosas, por allá, Tegucigalpa, estaban relativamente tranquilas; Ennio venía llegando de una marcha, se tuvo que retirar porque fue con su mamá, una señora de alma sindicalista que insistió en ir a pedir el regreso de Mel Zelaya a la marcha. Ese mismo día le pedí por favor que se cuidará, que cuidará sobretodo a su mamá; después de todo los jóvenes se supone que ante cualquier adversidad pueden correr y en estas circunstancias, bajo un golpe de Estado civil-militar nunca se sabe cuando puede empezar la violencia. Estaban confiados del día domingo, seguros de que todo iba a pasar ese día y que el lunes volvería la normalidad a Honduras; pues la semana, con cortes de luz y todo no había podido ser, siquiera, normal la calle/las calles eran un teatro a varias voces.





Confieso que el domingo, aunque es un día familiar, no quería ir a almorzar a la casa de mi papi. Estaba entre ansiosa y preocupada por las noticias de la llegada de Zelaya, trataba de imaginar en que pensaba en ese momento el pueblo hondureño, mandaba todos mis pensamientos para que Tegucigalpa resista. Al final fui a comer, a olvidarme un poco, pero volví corriendo tras que me avisaron en un mensaje en el celular que el avión de Mel había partido y cuando pregunté a otra de esas personas hermosas que habita en el lugar al que pertenezco ¿cómo estaban las cosas? Me metió a un chat de puros hermanos venezolanos en el que estábamos, todos, esperando noticias de Honduras, al rato llegaron algunos mexicanos.

Radio Globo Honduras nos había acompañado durante toda la semana, después de que Rebelión señalara que esa radio había sido la primera en romper el cerco mediático tras el golpe, sabíamos que los locutores y la gente que ahí trabajaba, eran clara y directamente “compañeros”. Eduardo, mi amigo venezolano, valora su toque futbolístico, ellos parece que narraran un partido de fútbol. Es recurrente, en todos los horarios y programaciones, que ellos apelen a los derechos comunicacionales, a la responsabilidad de los medios, al papel de los medios en la lucha democrática. Ellos nos informan todo lo que pasa. A esas horas y desde temprano Telesur online está saturado, no se puede entrar.

Casi a las 16, tras mi llegada, me avisan que los manifestantes han estado negociando los retenes del aeropuerto, que han conseguido avanzar en varios. El rato que empiezo a hablar con los compas venezolanos, los hondureños ya han negociado el último retén, todo el aeropuerto es de los hondureños, sólo quedan las rejas entre ellos y la autopista, se ven francotiradores que han estado desde la mañana ahí. La policía, ante la negociación del último retén, termina de retirarse, quedan sólo militares y se ve que son pocos ante la marea humana que rodea Toncontín.

Una hora y media después, tensión de por medio, continuamos siguiendo la protesta en Tegucigalpa, impacientes, no se sabe nada del avión; pero hasta entonces nos informamos por Radio Globo, por Telesur Internacional (los venezolanos que la ven allá) y por VTV Venezuela; sin embargo al poco rato la señal de Telesur y VTV quedaría ocupada por cadena nacional de Chávez, alguna celebración militar y debe ser transmitida, quedamos sólo con Radio Globo que está en plena manifestación. Y de la nada, cuando habían dejado entrar a los manifestantes mediante negociación, y no había un solo hecho de violencia de parte de los manifestantes; empieza la balacera, la oímos en vivo, al rato se sabe que hay un muerto, que son dos, la gente desesperada habla con la radio, se siguen escuchando disparos y la gente se tira al suelo. Nos agarra la impotencia entre los que seguíamos a Honduras, carajeamos de lo lindo. Hay que ser bien hijo de puta y malparido para emboscar y disparar con francotiradores (hubieron balas en la cabeza) contra el pueblo que dices defender.




En plena conmoción, Chávez (hijo de la chingada) no suelta cadena nacional, no tenemos imágenes; sólo el audio. Y cuando sólo teníamos aquello, extrañamente Radio Globo agarra “cadena nacional obligada” y con una música de terror empieza a transmitir la conferencia de Goriletti que pasó tres horas antes a la emboscada (¿?). Entre los que ¡estamos ahí pedimos otras direcciones para seguir escuchando, tratamos de entrar en todas las radios que estaban transmitiendo desde Toncontín, todas en “cadena nacional obligada”. Chávez desfilando. Cerco mediático absoluto; pensamos que les pasó algo a los de VTV y Telesur que estaban allá. Eduardo se comunica con ellos, están bien, después de mucho rato cortan transmisión de la cadena de Chávez y recién volvemos a Toncontín, alrededor de media hora desinformados. Sabemos que a los hondureños les va peor, Telesur no sale hace días, y el resto de los medios en “cadena nacional obligada”. Es desesperante no saber que pasa.

Telesur agarra señal, y muestra las imágenes de momentos previos, la emboscada. Radio Globo tardará una hora más en volver. El cerco mediático es increíble, los periódicos no actualizan sus páginas, la gente que nos informó por Chat no está conectada. Baja un poco la tensión y Zelaya al final no aterriza, le pusieron dos camioncitos en plena pista, los pilotos dicen que no pueden aterrizar en esas condiciones, se van para Managua. Pero a nosotros nos importa la gente y la única radio que estaba ahí, con la gente, era la Globo. En cuanto vuelve y se sabe que Zelaya se retira (18:05) “cadena nacional” anunciando que esa noche habrá toque de queda…(lo hubo toda la semana, desde las 22:00 pm)…desde las 18:30 pm!!! Eso quería decir que después de esa hora quien no estuviera en su casa estaba sujeto a detención. En la mañana habían entrevistado a mucha gente que llego del interior, campesinos, trabajadores, que seguramente habían llegado directamente a la marcha y no tenían donde dormir. La mayoría, seguramente, tardaría buenos minutos en llegar a sus casas, esta vez tenían 25 escuálidos minutos para retornar. Al momento que termina todo, quedan en emergencia en Radio Globo, transmitiendo desde y para la gente; Telesur y VTV siguen retransmitiendo las imágenes de antes. Ahora, que no había violencia, las pocas luces mediáticas estarían apagadas para la gente que estuvo protestando y la persecución que empezaría a las 18:30. No volvimos a saber más.

Me despedí de inmediato, estaba tan desmotivada, tan adolorida y la poca información seguía siendo tan confusa, me fui a dormir, al carajo todo. Volví a despertar como a las 4 de la mañana y en TVB recién pasaban (o volvían a pasar, no lo sé) las imágenes desde Telesur de lo que pasó en Toncontín. Algunos, en alma, estuvimos/quisimos estar ahí, con ustedes.



Pd tecnológico. En esta mi casa, mi lugar, el soporte tecnológico a través del cual nos comunicamos es harto obsoleto. Usamos el correo electrónico. La reflexión viene al hecho de que no importa cuan novedoso, efectivo o cuantas posibilidades nos brinde una u otra herramienta; si al final lo que está detrás de ello es la gente. Y cuando la gente es solidaria, el soporte realmente es secundario.

Pd2. Mi casa, mi tropa, por supuesto.

Pd3. Dejo algunas imágenes en la narración de las “armas” que usaron los manifestantes.

Les dejo otra crónica esta vez, sí, de alguien que, efectivamente, estuvo ahí.
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Casi siempre sé que escribir. Soy escritora, a eso me dedico, a juntar las palabras para que puedan entenderse, leerse, compartirse. Hoy sin embargo, las palabras se encuentran en algún lugar lejano entre mi cerebro y mi pecho. No quiero ni hablar. Estoy triste.

Hoy que pensábamos que el Presidente aterrizaba en Tegucigalpa, militarizaron el aeropuerto y el ejército abrió fuego contra más de 500,000 civiles indefensos y desarmados, entre ellos hombres, mujeres y jóvenes. De nada valió que nosotros y nosotras fuéramos desarmados, de nada valió decir que era una resistencia pacífica, de nada valieron las protestas, los gritos y los llantos ante esta horda de asesinos y salvajes. Entre los muertos que hasta ahora son tres, se encuentra un joven de 14 años y no puedo evitar pensar en parte de mi familia que tiene esa misma edad. Pienso en el dolor de su madre cuando reciba la noticia, pienso en la existencia arrebatada de un golpe, cuando se estaba manifestando por la libertad y la vida.

Pienso también en la alegría de las compañeras bailando y gritando cuando el avión donde venía el Presidente sobrevoló la manifestación donde estábamos y el ritmo de los tambores que celebraban su regreso, la gente bailando y luego la desmovilización urgente porque el gobierno de facto ordenó a última hora el toque de queda a las seis y media de la tarde, cuando todavía a las seis estábamos protestando. Que quede claro, protestamos, estamos en resistencia por el regreso de la democracia de la libertad, aunque muchos fascistas no quieran entenderlo.

Me duele el lado izquierdo del cuerpo, lugar donde si creemos a la medicina china y a la homeopática, guardamos los sentimientos y también me duele la izquierda política, porque un grupo que se hace llamar “la izquierda inteligente” se ha unido a la clase de poder en la represión, justificando las acciones violentas de la derecha con argumentos sacados de quien sabe dónde, solo esperemos que como dijo Cristina Kichner, los brazos de la represión no lleguen a tocar las puertas de sus casas el día de mañana.

El movimiento popular se ha reconfigurado y vemos otras caras y otros actores políticos en el escenario. Sabemos que siempre han estado allí pero ahora han resurgido y están en las calles, el movimiento indígena y afro-descendiente, el movimiento feminista, el movimiento de patronatos y barrios, el movimiento estudiantil, los maestros y maestras, lideresas de barrios, artistas, escritoras y escritores, teatreros, pintoras, personas que salen a las calles sin afiliación ninguna y sobre todo muchos jóvenes de ambos sexos, marchando, luchando por lo que creen.

Hoy visité de nuevo mi lado triste y en estos momentos eso también me da fuerzas, así como la alegría, como el dolor. Somos muchas, somos muchos y todos somos Honduras. Llegaremos hasta el final. Porque estamos en resistencia y eso es estar amando en la vida, luchando por la libertad.



*Escritora y feminista hondureña.
 
posted by La Vero Vero at 6:07 p. m. |


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