“El objetivo final es la construcción de un nuevo contrato social,
muy distinto al de la modernidad (…)
será un contrato más conflictivo
porque la inclusión debe hacerse siguiendo criterios
tanto de igualdad como de diferencia”
Conocer desde el Sur – Boaventura de Sousa
Hacen 6 meses de que la casa del senador suplente por Unidad Nacional, Abraham Cuellar, fue, también, saqueada y quemada en la ciudad de Cobija. Con los mismos indicios amenazantes hacia su seguridad personal.
Hacen 6 días de que la casa del ex – vicepresidente de la república, Víctor Hugo Cárdenas, fue tomada (“expropiada”, dicen) por los comunarios de Sank’ajawira expulsando, con amenazas, a su familia de la propiedad y, ahora, de la comunidad.
Sin embargo, al parecer, no sólo los medios de comunicación, sino la clase política toda se ha enterado recién hace 6 días de que el amedrentamiento político es cada vez más la norma y menos la excepción en nuestra sociedad. Han descubierto --vaya iluminados-- que lo que se oculta tras de estas tomas no es ni será nunca la razón que, circunstancialmente, alegan los autores sino es, por sobretodo, una razón coyuntural, altamente política. Más aún, han caído en cuenta (que haríamos sin ellos) de que en Bolivia los grados de intolerancia a la deferencia del pensamiento político han alcanzado escandalosos índices de acción agresiva. Por último, han obrado, con la lucidez que los caracteriza, para aseverar que en Bolivia se viola sistemáticamente el derecho a la libertad de expresión y una plétora de derechos ciudadanos más.
Y, aunque tarde (se pasaron por las narices 1 año y algo más) la luz ha llegado, para dar cuenta de las arenas en las que se está jugando el ejercicio político en nuestro país; después de todo, al menos por ese hecho tan iluminador este tema está, finalmente, agendado. Debemos, por tanto, agradecer al señor Cárdenas; de no haber sido él, el indígena occidentalizado, el de discurso liberal y origen comunitario, el cómplice (o co-autor, como quieran verlo) de la capitalización que le dice no a la Constitución nacionalizadora, la encarnación del símbolo indígena y del discurso moderno, la esperanza para la candidatura de oposición, el ex – vicepresidente de la república, pues, quizás nunca abríamos abierto los ojos a este síntoma. Esperemos, por supuesto, que toda iniciativa ante instancias internacionales abarque la plenitud de hechos que hacen de este un fenómeno que nos afecta a tod@s. Como venga y como sea (sabemos que no sucederá) gracias de antemano, señor Cárdenas.
No voy a ocuparme de valoraciones sobre el hecho que atañe a Cárdenas y a su familia, dado que los medios y los políticos ya se ocupan de ello (y, vaya, que se ocupan). (Paréntesis contradictorio: algunas personas que denuncian que el MAS podría haber motivado la toma para quitar de agenda el tema YPFB, mientras al mismo tiempo, claro, escriben su última opinión sobre el tema… Cárdenas) Como decía, pretendo, ocuparme del hecho que nos atañe a todos, desde antes, mucho antes del día sábado, el hecho que nos ocupa, nos amenaza y perturba la convivencia democrática nuestra de cada día, por un lado y poder plantear, por otro, el enorme desafío que plantea un hecho blindado exteriormente por lo mediático/político mas de espíritu que versa, principalmente, sobre una pulseta de paradigmas. Queda entonces:
Por un lado el “revanchismo”. Suena a madre Teresa de Calcuta, lo sé, pero es cierto, uno cosecha lo que siembra. Siembre violencia y cosecharás violencia, sí, lo sabemos, pero vamos más allá. Siembra nomeimportismo y cosecharás nomeimportismo. Siembra denuncias unilaterales y cosecharas denuncias unilaterales. Siembra mirando sólo tu sembradío y nadie cosechará nada. La lógica del revanchismo es patética, un niño tiene más argumentos que el “lo hago porque él me lo hizo” y es la lógica que domina nuestra dinámica política hoy en día. La violencia es condenable venga de donde venga, ese debería ser el discurso y, segura estoy de que lo compartimos casi todos, pero ojo, la legitimidad del discurso se adquiere cuando la condena es una constante y no una reacción. Creo, sinceramente, que todos, sino la gran mayoría, estamos restándole densidad a nuestro propio discurso al caer en el simplismo de ver el árbol y no el bosque. Nuestros discursos pierden densidad por nuestras propias acciones y somos, por tanto, cada vez más intolerantes, aunque digamos lo contrario. Esas son las condiciones sobre las que estamos planteando nuestro espacio público, que quede constancia de ello para el futuro; que queden, también, las auto-reflexiones que de esta constancia emerjan. Sobre un escenario como este, los resultados son lógicos, los estamos viviendo.
Y, por otro lado, queda la evidencia de que pelando –cual cebolla- el asunto Cárdenas, existe una pugna aún mayor en su interior.
La pregunta ¿puede Cárdenas ser expulsado de su comunidad y su casa expropiada? Y la respuesta es provocadora, sí, si puede, en Sank’ajawira, puede. Dentro de la lógica comunitaria si se comprobara que él abandonó su casa y que, en muchos años, no aportó a su comunidad, más aún, no cumplió sus promesas; la comunidad misma podría proceder a la expropiación y a aplicar al destierro. Eso, al menos, donde Cárdenas nació: Sank’ajawira y él, claro, está consciente de aquello, eso no se lo inventó ni Evo, ni el MAS, ni el alcalde de Achacachi.
De realizar, nuevamente, la pregunta, puede resultar una respuesta más provocadora que la primera.
La pregunta ¿puede Cárdenas ser expulsado de su comunidad y su casa expropiada? No, no puede, en la ciudad de La Paz, no puede. Dentro de la lógica moderna-liberal si se comprobará que él abandonó su casa casa y que, en muchos años, no aportó a su comunidad, más aún, no cumplió sus promesas; a la comunidad le importa un comino y él, claro, está consciente, también, de ello, eso no se lo inventó Goni, ni el MNR, ni el prefecto de Tarija.
Los bolivianos hemos aprobado, hace un mes y algo más, una Constitución Política que institucionaliza la pluralidad de visiones planteada y, estamos viendo, gracias a la impertinencia de algunos y otros radicales, el gran reto que implica/implicará la materialización del Estado Plurinacional. El tiempo dará cuenta de los logros aunque, a esta altura, deberíamos estar todos en el barco, sin mezquindades, lástima que la barbarie política (de acción y discurso) no es capital propio, solamente, de algunos comunarios de la provincia Omasuyos.
Como venga el reto mediato, el camino inmediato es claro e ineludible. Es el Estado el que debe garantizar lo que votamos los bolivianos: la Constitución Política del Estado. Y esta barbaridad (más las otras) atentan contra la CPE.
Toca actuar.


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