
Los casos de corrupción que vamos conociendo por parte de este gobierno son graves. Pero es más grave aún lo que los mismos acusan. ¿No son, acaso, librados del partidismo, la toma de posición y las ideologías; la evidencia contundente del estado de la política nuestra. El síntoma claro de que la corrupción es un deterioro inherente de nuestra práctica política; peor aún, de nuestra práctica, de nuestra (ir)responsabilidad ciudadana?
Octavio Paz señala, de forma magistral, que una de las características de la política mexicana era la corrupción. Lo hace de la siguiente forma:
“(…) Otro signo es la corrupción. Desde la perspectiva de la persistencia del patrimonialismo es más fácil entender este fenómeno. En todas las cortes europeas, durante los siglos XVII y XVIII, se vendían los empleos públicos y había tráfico de influencias y favores. Durante la regencia de Mariana de Austria, el privado de la reina, don Fernando Valenzuela (el duende de Palacio), en un momento de apuro del erario público decidió consultar con los teólogos si era lícito vender al mejor postor los altos cargos, entre ellos el virreinato de Aragón, Nueva España, Perú y Nápoles. Los teólogos no encontraron nada en las leyes divinas ni en las humanas que fuese contrario a este recurso. La corrupción de la administración pública mexicana, escándalo de propios y extraños, no es en el fondo sino otra manifestación de la persistencia de estas maneras de pensar y de sentir que ejemplifica el dictamen de los teólogos españoles. Personas de irreprochable conducta privada, espejos de la moralidad en su casa y en su barrio, no tienen escrúpulos en disponer de los bienes públicos como si fuesen propios. Se trata no tanto de una inmoralidad como de la vigencia inconsciente de otra moral: en el régimen patrimonial son más bien vagas y fluctuantes las fronteras entre la esfera pública y la privada, la familia y el Estado. Si cada uno es el rey de su casa, el reino es como una casa y la nación como una familia. Si el Estado es el patrimonio del rey ¿cómo no va a serlo también de sus parientes, sus amigos, sus servidores y sus favoritos? En España el primer ministro se llamaba, significativamente, Privado.”
Se trata, desde la perspectiva de Paz, de una forma de construcción moral colectiva de la sociedad mexicana, producto de la herencia de las prácticas coloniales insertas en el imaginario colectivo que, en su respectiva coyuntura, siguen siendo practicadas.
Y, en nuestro caso ¿qué es? ¿Qué retos, como ciudadanos, que participamos y que elegimos debemos enfrentar?
Acá no hay salvadores ni iluminados incorrompibles. Acá hay prácticas arraigadas y consuetudinarias que acusan nuestra propia historia. ¿Dónde buscamos las raíces?


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