viernes, 23 de enero de 2009

La gran pregunta es ¿para qué? ¿qué sentido tiene la aventura de la vida humana en este planeta? ¿para qué? ¿para ser una caricatura del norte? ¿ese es nuestro único destino posible? ¿ser eco de voces ajenas? ¿sombra de otros cuerpos? Pues no. Porque es un sistema enemigo de la naturaleza y de la gente, porque confunde la calidad de vida con la cantidad de cosas y porque nos quiere hacer creer que el nivel de vida es el nivel de consumo. Yo creo que nosotros podemos y tenemos que buscar algo diferente.


Eduardo Galeano




19 años. Esa debe ser la edad, en la actualidad, de Anahí Dignidad, mojeña, quién nació entre Trinidad y La Paz en plena marcha por el Territorio y la Dignidad. 19 años debe ser más o menos el tiempo que tengo conciencia de mis actos y de mis pensamientos, mi vida entera. No he podido, por tanto, nunca, separarme de este mi tiempo, de esta mi historia que no es otra que la de mi país. Por decisión, siempre he optado por quedarme dentro de las fronteras de esta historia esto en términos geográficos y metafóricos, aún cuando viví en el exterior siempre he tenido claro que esas experiencias son pasajeras y que debía acumularlas todas para volver, siempre volver a la nueva patria, al nuevo tiempo.

El camino hacia la Constituyente ha sido largo y muy duro además ha estado, siempre, inevitablemente ligado a nuestros pueblos indígenas, como negarlo; son ellos los que sembraron las inquietudes autonómicas y constituyentes por más de 19 años, corresponde que sean ellos quiénes, junto al resto de los bolivianos, cosechen lo sembrado, cosechemos lo sembrado.

Ahora, en este momento, sorprende oír/leer a los neopaladines de la defensa de los pueblos indígenas asegurando que serán engañados históricamente por este nuevo texto constitucional a quiénes ayer no concebían la existencia de una asambleísta que no hablara en español o, peor aún, a quiénes nunca aceptaron que son esos muchos indígenas, que no estudiaron leyes o ninguna otra profesión, los que diseñaron las bases del nuevo Estado. ¿Qué querían, entonces? ¿Por qué ahora? Ya no podemos, ya no vamos a creerles.

Sorprende, también, como muchos siguen asegurando que el “borreguismo” es una cualidad indígena, así lo han querido hacer ver desde siempre; creo, es más, estoy segura, que hay quiénes visten abarcas y quiénes visten ternos que votarán el domingo lejos de su conciencia y su vivencia, lo sé porque conozco señoras de pollera que me pueden dar cátedras de la nueva constitución y del proceso constituyente y lo sé, también, porque conozco jueces de la república que no han leído siquiera el prefacio del texto por pura flojera. Con esto no quiero desconocer que una gran mayoría de la población irá a votar sin haber leído el texto pero he aprendido, en el camino y, sobretodo, escuchando en las calles que esto es sólo el marco ideal mas no el imprescindible. El mismo proceso de comprender la construcción de discurso político desde otras cosmovisiones, otras vivencias, de un lado y el otro están asociados plenamente a la experiencia. El padrón actual está lleno de gente que ha vivido estos últimos 19 años, una a una, las experiencias políticas que hemos afrontado como país y, así, su voto será sólo la traducción de una vivencia política personal y colectiva, devenida discurso; así deberíamos entenderlo. Lo ideal es leer el texto constitucional, sí, sin duda; pero aquello no debería dejar en segundo plano la multiplicidad de motivaciones que llevamos, por la historia, en la espalda, para decir sí o no.

Por mi parte, creo que el texto constitucional ofrece interesantes cambios cualitativos para determinar un tronco común, en igualdad de posibilidades, para los pueblos originarios, para dar una posibilidad a ese sentido de mundo, a esas experiencias, a ese conocimiento. Dudo mucho que en la praxis lleguemos a conocerlos a todos (optarán por su ejercicio los pueblos que así lo demanden) y estoy tremendamente consciente que en la ejecución de las políticas públicas enfrentaremos vicisitudes tremendas, que tocará solucionar, pero estos retos no me asustan en lo más mínimo sobretodo en lo que implica abrir las ventanas, el corazón pero sobretodo la mente a otros mundos que quiero (con la voluntad más sincera) conocer. No, no le tengo miedo a abrir las puertas.

El conocimiento es un campo de posibilidades y una de esas posibilidades es el conocimiento ancestral originario. Otra posibilidad (sólo eso, posibilidad) es el conocimiento moderno occidental. Hay muchas posibilidades más. El que así no lo comprenda no entendió nada, sólo le queda decir no, no, no y no. Mas su destino no será decir sólo no a este texto constitucional, sino al cambio mundial que inevitablemente trasciende todas las esferas de nuestra cotidianidad. El tiempo glacial así lo reza, así lo demanda.

Nadie asegura, claro, que este sincretismo de conocimientos, de experiencias nos garantice una vida armoniosa por los días de los días, mucho menos una vida feliz; a esta altura global lo único que nos garantiza el hecho de que podamos entender/profundizar y, el domingo, constitucionalizar este encuentro es que abramos, como país, una enorme puerta a lo que nos toca enfrentar en el futuro, bajo nuestras propias huellas, vanagloriándonos de nuestros propios logros, renegando de nuestros propios errores. De lo contrario ¿qué? ¿qué nos queda? Cómo dice Galeano ¿ser una caricatura de lo que pensaron otros en otros tiempos, en otros lugares? ¿Quién nos asegura que lo pensaron viéndonos, peor conociéndonos? ¿Quién mejor que nosotros para leernos, para escribirnos? Para descubrirnos…

La advertencia es clara, leer esta propuesta con los ojos atravesados por un ethos modernista de occidente es equivalente a no leerlo. Más aún, invalidar las propuestas contempladas por su ubicación externa a este esquema es actuar, precisamente, como un neocolonizador cultural, para lo cuál no habrá que indagar, posteriormente, sobre categorías tan cuestionadas pues uno alcanza a tenerlas frente al espejo. Sólo tras ese esfuerzo de liberación mental, tras ese esfuerzo de pensar fuera de los canones que conocemos como establecidos, en suma, tras ese esfuerzo de pensar; es posible apoyar/rechazar este texto.

En lo personal, desde mi asignación de sentido del mundo, soy una utópica irremediable, creo que el modernismo occidental que rige nuestras formas de establecer Estado, conocimiento, vivencia y cotidianidad es una propuesta provista de limitadas (mas rescatables) bondades pero con abismales y tremendos despropósitos; creo que por algún lado existe algún tipo de racionalidad más armoniosa con la naturaleza, menos devastadora, creo que el destino del hombre puede ser otro, uno más ambicioso que aquél que tiene que ver con levantarse cada mañana para trabajar para la máquina del del hambre. Y, tras años de experiencia he empezado a pensar que los pilares de esas respuestas están en nuestros pasados compartidos, siempre y cuando estos se constituyan como el crisol a través del cuál construir uno o varios futuros.

Mucho se habla de que el proceso real que vivimos se traduce en el proceso personal por el que pasamos. Algunos encarnamos este proceso como horizonte de vida y no podemos/sabemos renunciar a él. Que cada uno sepa como llegamos, 19 años después, a enfrentarnos a esta puerta. Si portando una llave o un candado. Al final de cuentas, como dice Beto Cáceres, decir SÍ es una cuestión de fe, y sólo la fe es capaz de quebrar el miedo.

Nos lo hemos ganado. Yo voy con una llave. ¿Y tú?



 
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martes, 20 de enero de 2009

"Sesenta años de derechos poco humanos. La celebración en 2008 del 60º aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos dejó un sabor amargo. Los avances tuvieron lugar más en los discursos que en las prácticas. La inmensa mayoría de la población mundial no es sujeto de derechos humanos, antes es objeto de derechos humanos, objeto de discursos por parte de los reales sujetos de derechos humanos, los gobiernos, las fundaciones, las ONG, las iglesias, etc."


Boaventura de Sousa Santos

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Los últimos días, dentro del marco de las campañas de propaganda política de cara al referéndum dirimitorio y constituyente, se ha hablado mucho acerca del tema de los derechos humanos que están contemplados en el Nuevo Proyecto de Constitución Política del Estado (NCPE).

No es novedad que lo más deficitario en esta campaña ha sido el debate argumentativo informado, por el contrario, cada día somos víctimas de pesada artillería mediática y propagandística cargada de desinformación y de miedo.

Es preciso, para entender cualquier marco jurídico que contemple los derechos humanos tener en cuenta tres vitales puntos que enmarcan lo que es la teoría y la doctrina de los derechos humanos a nivel global, en la actualidad.

El primero escapa, precisamente, del ámbito jurídico, sin negarlo; es decir asume que la concepción, exigibilidad y justiciabilidad de los Derechos Humanos es integral, es decir tiene un carácter multidisciplinario.

Es preciso, también, señalar que los Derechos Humanos comparten los siguientes principios: Universalidad, interdependencia, indivisibilidad, inalienabilidad, imprescriptibilidad e irrenunciabilidad. Y, además, según la convención de Viena, son interdependientes e integrales.

La historia de los Derechos Humanos ha permitido generar categorías conceptuales que establecen la existencia de derechos de primera, segunda, tercera, cuarta e, incluso, quinta generación; y estos, obviamente, se dan en el marco de los principios anteriormente mencionados, es decir, en un plano horizontal; incluso a pesar de la corriente que establecía los derechos “fundantes”.

Por tanto es preciso afirmar que NO existen Derechos Humanos más importantes que otros --sus principios no lo permiten-- mas si realidades sociales, políticas y económicas que determinan dinámicas propias de construcción de marcos legales que los protejan.

Y, por último, es preciso también establecer que a pesar de que los Derechos Humanos, a nivel internacional, gozan de los principios anteriormente mencionados, el artículo 13 del Proyecto de Constitución Política del Estado protege en sus 4 incisos estos principios.

Artículo 13.

I. Los derechos reconocidos por esta Constitución son inviolables, universales, interdependientes, indivisibles y progresivos. El Estado tiene el

deber de promoverlos, protegerlos y respetarlos.

II. Los derechos que proclama esta Constitución no serán entendidos como negación de otros derechos no enunciados.

III. La clasificación de los derechos establecida en esta Constitución no determina jerarquía alguna ni superioridad de unos derechos sobre otros.

IV. Los tratados y convenios internacionales ratificados por la Asamblea Legislativa Plurinacional, que reconocen los derechos humanos y que prohíben su limitación en los Estados de Excepción prevalecen en el orden interno. Los derechos y deberes consagrados en esta Constitución se interpretarán de conformidad con los Tratados internacionales de derechos humanos ratificados por Bolivia.

Así las cosas, es preciso afirmar que ningún derecho restringe a otro, mejor aún, que los derechos que protegen a un individuo o a una colectividad no restringen otros derechos. Por tanto, afirmar que existen ciudadanos de “primera” o de “segunda” es procurar una lectura maniquea de los artículos de la NCPE bajo total desconocimiento de lo que está explícitamente protegido no sólo en el Proyecto a ser votado el 25 sino por todas las instancias internacionales con las que Bolivia ha construído (y ahora mejora) el marco legal que protege los Derechos Humanos del Estado boliviano.

Por tanto voy a dedicarme a destacar algunos artículos que protegen los Derechos Humanos que, en mi experiencia personal, colectiva y profesional, determinan una considerable mejora bajo el marco del NCPE.

En el entendido de que no me adscribo ni practico ninguna religión, por primera vez, este proyecto de CPE me reconoce el status de practicante de mis propias creencias espirituales, todas estas híbridas y de construcción personal, esto en el artículo 4.

Dentro de lo que es el sistema de gobierno, el artículo 11, reconoce como equivalente mi condición de mujer para la participación dentro de un marco democrático participativo, representativo y comunitario, es decir, plural. No sólo eso, si algún día decido optar por la maternidad tengo derecho a la maternidad segura con una visión y práctica intercultural, siendo obligación del Estado proteger todas las etapas de este proceso, si así decido vivirlo, esto está establecido en el artículo 45. Más aún, el artículo 48 promueve la inserción de mi género en el ámbito laboral y la igualdad salarial con el género opuesto, como también la inamovilidad laboral en caso de embarazo. Además, el artículo 64 constitucionaliza la obligación mía y de mi hipotética pareja (que, además, puedo decidir sea hombre o mujer bajo total garantía de no discriminación de parte del Estado, gracias al artículo 14) seamos responsables, en un sentido equitativo, del mantenimiento, formación y educación de nuestro(s) hij@(s).

En el ámbito de los derechos comunicacionales estos se enmarcan en un importante avance que no sólo contempla, como muchos creen, el capítulo séptimo (Comunicación Social). Sólo en esta primera parte he podido recoger 8 artículos que amplían la gama de derechos comunicacionales contemplados estos entre los derechos civiles y políticos (art. 5 y 6), los derechos sociales y culturales (capítulo séptimo), los derechos colectivos (art. 30, inciso 2, número 8), los derechos virtuales (o cyberderechos: art. 103) e, incluso, dentro de las garantías constitucionales y acciones de defensa constitucional, esto en lo que se refiere al secreto de fuente (art. 130 y 131). Es decir, en suma, estamos hablando de un texto constitucional que recoge los derechos comunicacionales a lo largo de las 5 generaciones bajo las que se categorizan a los mismos, un hecho comunicacional, indudablemente, sin parangón en el globo.

Y, por último, es destacable el Título 3 de esta primera parte, dado que contempla otro hecho inaudito y que ha sido calificado de progresista y de un importante avance en términos de protección de DDHH, que establece los deberes de las y los bolivian@s para con el Estado.

Esta sustancial mudanza cuantitativa y cualitativa de un régimen de derechos humanos moderno y limitado a un régimen peculiarmente progresista, moderno y ampliado es un avance indiscutible y significativo para nuestro país. Es la evaluación de este capítulo, desde mi perspectiva de vida, más sincera que puedo establecer.

 
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lunes, 12 de enero de 2009

“Tal como siempre, pues, pedid conmigo:

Más fe, mucha más fe.

Que en cierto modo,

Creer con fuerza tal lo que no vimos

Nos invita a negar lo que miramos”

Alocución a las veintitrés – Ángel González




Sí, lo es. Es, digamos, paradójico, oír al compañero presidente gritando a todo pulmón “!Autonomía, autonomía!”. Y es, también, paradójico, ver los símbolos de la oposición, hoy, en claves indígenas. La pregunta es ¿se VE paradójico o ES paradójico?.

Dado que la autonomía y la inclusión indígena se han constituído, en los últimos años, en algunas de las principales banderas políticas que distinguen entre los partidarios de una vereda o la otra, cualquier narración que intente fusionar ambas banderas parecerá paradójico, más aún cuando -bombardeo mediático de por medio- nos han convencido de que estamos hablando de proyectos, definitivamente, incompatibles.

Con esto, claro, no pretendo negar las múltiples incompatibilidades que existen entre los reales proyectos políticos que el país enfrenta, empero, quedémonos, por ahora, con estas dos imágenes primeras, todo esto con el afán de determinar una ineludible certeza de ruta.

Rescato unas ideas que hace tiempo sostuve y creo hoy necesario revitalizar pues al parecer unos actores se ofenden por el uso de banderas opositoras desde el oficialismo y también viceversa, olvidando, como no, a los verdaderos constructores de las circunstancias que otorgan densidad histórica a dichas banderas.

Si bien la demanda por la Asamblea Constituyente tomó forma concreta a partir de la emergencia de los movimientos sociales el año 2000 en la guerra del agua en Cochabamba y luego a través de la consolidación de los mismos en los años siguientes. Pareciera ser que tanto gobierno como oposición han olvidado las demandas que le habían generado el fondo concreto al proceso constituyente, 10 años atrás.

Los departamentos de la media luna, quienes llevaban la palestra en el proceso autonómico han querido burlar la historia en términos de tiempos y actores. No existe ningún error respecto a que son, precisamente, las tierras bajas las que inauguraron la inquietud autonómica, precisamente por ello es que empezó a tomar forma la Asamblea Constituyente; lo que es importante recordar –y segura estoy nos refrescarán la memoria más temprano que tarde—es que fueron precisamente los pueblos indígenas y originarios los autores de esta demanda, del espíritu del proceso constituyente, del espíritu del proceso autonómico.

Las marchas de 1990, 1996, 2000, 2002, 2006 y 2007 susurraban (a gritos) las demandas por Tierra, Territorio, Participación política, Soberanía Popular, Autonomías Indígenas.

Las autonomías no son producto ni de la actual Conalde y la Constituyente no es producto del gobierno del MAS.

La bandera del cambio, ahora, la abanderan los pocos actores que realmente consiguieron que lleguemos a estas instancias de deliberación y de participación democrática.

No pretendo más que dar cuenta de lo que pasa de forma inmanente con las organizaciones sociales e indígenas, mientras piensan, ingenuamente, los políticos y cívicos los únicos actores en pugna son ellos, dentro de este conflicto político que nos

atañe, hoy, a todos.

Queda tener bien claro que las autonomías regionales, provinciales, indígenas no son ni una invención, menos concesión benevolente del gobierno, ni un trofeo de la oposición, son una demanda legítima e histórica, son un derecho que debemos los bolivianos a quienes la consiguieron.

Por lo tanto, como ven, las mismas serán. Los políticos y cívicos de hoy tienen que entender que sus intereses no son los únicos en pugna, es más, sus intereses son secundarios, aunque nos quieran hacer creer lo contrario.

He ahí la necesidad de una Constitución Política que contemple las autonomías y no sólo las departamentales, sino las regionales, provinciales, indígenas y las municipales, ya existentes.

 
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sábado, 10 de enero de 2009

La gran pregunta es ¿para qué? ¿qué sentido tiene la aventura de la vida humana en este planeta? ¿para qué? ¿para ser una caricatura del norte? ¿ese es nuestro único destino posible? ¿ser eco de voces ajenas? ¿sombra de otros cuerpos? Pues no. Porque es un sistema enemigo de la naturaleza y de la gente, porque confunde la calidad de vida con la cantidad de cosas y porque nos quiere hacer creer que el nivel de vida es el nivel de consumo. Yo creo que nosotros podemos y tenemos que buscar algo diferente.

Eduardo Galeano

En uno de los programas de debate de la Red Uno, un abogado, dirigente del movimiento ´La Paz en Acción´ acorralaba a un legislador del MAS con la afirmación de una certeza cognitiva y una posterior pregunta. “Dado que usted es colega sabrá que las constituciones pueden ser liberales o socialistas. Esta Constitución de que tipo es? Independientemente de que la tipificación acusaba un error (ya que, seguramente, se refería al tipo de Estado) él sabía que el PNCPE no respondía a ninguna de esas pacatas tipificaciones y pensaba con eso haberse anotado un gol --y quizás así lo hizo frente a quiénes piensan/razonan bajo un orden cognitivo determinado—lo que no se daba cuenta, el dirigente, era que quizás se había anotado un autogol. Por supuesto, el legislador masista no tuvo más que responder “esta es una Constitución boliviana”.

Cuando se habla de descolonización (de los saberes, del Estado) no se pretende –como aseveran muchos- volver a abrir las puertas del pasado para habitar en él, sino de vislumbrar, a través de su apertura, algún tipo de ventanas hacia el futuro. Esta ardua construcción no es capital boliviano, menos invención del MAS o del actual gobierno, de hecho son pocas (aunque cada vez más) las naciones (los Estados son menos) que se piensan en clave de refundación o, como señala de Sousa, de reinvención participativa y solidaria. Estos son procesos históricos-globales que la teoría crítica de las ciencias sociales se ha encargado de proponer, de recoger, de entender.

El globo está gobernado por una hegemonía de conocimiento preocupante, sobretodo en occidente, una hegemonía que ha olvidado que la realidad es un campo de posibilidades y que ignora/descalifica/extermina lo que ignora, es decir, lo que es distinto a él. Una hegemonía encargada de regular nuestro vivir. Es, en el marco de esta hegemonía, que nos hemos/han escrito en la historia poscolonial de nuestro país. Así, entendemos que la modernidad –y sus códigos- son un tipo de racionalidad que padecemos cotidianamente en nuestros saberes, en nuestras acciones, en nuestros pensamientos en nuestras construcciones/lecturas del mundo y, en este caso, de Estado que, claro, no podemos negar a estas alturas. Sin embargo, y especialmente en Bolivia, otros saberes, otras narrativas, otras comprensiones de mundo, otras lógicas han permanecido a través del tiempo y es, también, a través de estos otros saberes, estas otras narrativas, estas otras comprensiones de mundo, estas otras lógicas, donde encontramos un campo fértil para encontrar respuestas a las preguntas que la promesa de la modernidad ha alcanzado sólo a formular, otorgando respuestas que se quedaron en otrora promesas convertidas, hoy, en frustraciones colectivas, frustraciones colectivas que hemos padecido/encarnado en las últimas décadas los fieles alumnos de quiénes nos hicieron a su imagen y semejanza, los portadores del paradigma moderno occidental: Europa y Estados Unidos.

Habrá muchos que desde el oficialismo y la oposición vean estas fértiles arenas como un campo de batalla en el que primen los resentimientos sin embargo habemos otros que preferimos verlas como posibilidades y creo que es en ese marco en el que se han construído varias de las voluntades que recoge, hoy, el PNCPE.

La advertencia es clara, leer esta propuesta con los ojos atravesados por un ethos modernista de occidente es equivalente a no leerlo. Más aún, invalidar las propuestas contempladas por su ubicación externa a este esquema es actuar, precisamente, como un neocolonizador cultural, para lo cuál no habrá que indagar, posteriormente, sobre categorías tan cuestionadas pues uno alcanza a tenerlas frente al espejo. Sólo tras ese esfuerzo de liberación mental, tras ese esfuerzo de pensar fuera de los canones que conocemos como establecidos, en suma, tras ese esfuerzo de pensar; es posible apoyar/rechazar este texto.

En lo personal, desde mi asignación de sentido del mundo, soy una utópica irremediable, creo que el modernismo occidental que rige nuestras formas de establecer Estado, conocimiento, vivencia y cotidianidad es una propuesta provista de limitadas (mas rescatables) bondades pero con abismales y tremendos despropósitos; creo que por algún lado existe algún tipo de racionalidad más armoniosa con la naturaleza, menos devastadora, creo que el destino del hombre puede ser otro, uno más ambicioso que aquél que tiene que ver con levantarse cada mañana para trabajar para la máquina del del hambre. Y, tras años de experiencia he empezado a pensar que los pilares de esas respuestas están en nuestros pasados compartidos, siempre y cuando estos se constituyan como el crisol a través del cuál construir uno o varios futuros.

Nadie asegura que una opción sea la mejor, pero, hoy, para mí, tener una opción es mejor que no tener ninguna.
 
posted by La Vero Vero at 1:38 p. m. | 5 comments





Son múltiples y diversas las variables que cada bolivian@ considerará antes de emitir su voto el 25. Estas variables oscilan entre aquellas que (se) hacen (a través de) un sentido individual y las de sentido colectivo (en los distintos niveles de colectividad con los que cada uno le otorga sentido al mundo).


Pretender que las consignas ideológicas, las concepciones académicas, las experiencias de vida, las narrativas éticas y estéticas del discurso propio y ajeno, las concepciones fenomenológicas de la vida y/o la memoria histórica sean variables externas a esta decisión es pecar de ingenuos.

Luego de meditar por unos días, imbuida en el texto en sí de la Propuesta de Nueva Constitución Política del Estado (PNCPE), he decidido exponer esta plétora de razones, desde mi óptica, que me permitirán, posteriormente, emitir un voto simbólico (dado que las múltiples involuntades políticas han dejado, nuevamente, fuera de este proceso electoral a millones de bolivianos que nos encontramos/encontrábamos fuera). Así que acá comenzamos este intento.


 
posted by La Vero Vero at 12:28 p. m. |
martes, 6 de enero de 2009







Dios no existe. Si existiera, Dios, la tierra no bebería la sangre de sus hijos. Dios no existe si un padre o una madre deben enterrar a sus hijos una mañana de año nuevo entre pompa y fanfarria. Entre esperanzas que cuelgan de una cabeza cuyo cuerpo ha extraviado. Dios no existe, existe el hombre y sus manos que matan y mueren por ese Dios, que no existe. No existe Dios, en cambio existe la penumbra, el hombre y sus piernas, la responsabilidad nuestra de forjar/devastar (por acción u omisión) un sendero por el que transite algún tipo de futuro. Pero Dios, no.

El poema más viejo de Occidente cuenta la historia de los Dioses que peleaban en nombre de sus hijos mortales, en la guerra entre griegos y troyanos, el capricho de los dioses se materializaba en la venganza de los mortales y, así, ardía Troya mientras alimentaban su odio, para su regocijo. Esto es mitología.

El conflicto más ¿reciente? de Oriente cuenta las (no) historias de esos hombres que pelean en nombre de sus dioses en la guerra entre palestinos e israelitas, el capricho del hombre materializado en la venganza de sus dioses y, así, arde Gaza alimentando su odio, para regocijo de unos pocos. Esto ya no es mitología.

A veces, los de la especie, somos tan indignos de nosotros mismos, que utilizamos todos nuestros recursos/esfuerzos para aniquilar al hombre. No, así, al hambre.

Quién sabe si sus Dioses se enteran…


Pd. (transcribo un texto de la adaptación dramatúrgica de “La Iliada”, del gran César Brie, que retumba en mis oídos, no me deja vivir ¿se puede, así, vivir? ¿se debe?)

Después de pelear y matarse todo el día, ambos bandos decidieron honrar a sus muertos. A mi me dijeron que ya el sol hería con sus rayos los campos, mientras subía del océano al cielo. A mi me dijeron que griegos y troyanos se mezclaban en la llanura. Miraban el fruto de esa furia. No era un rico cajón de manzanas, no eran jazmines frescos recién cortados, no era un niño con olor a leche de mama. Eran cuerpos mutilados. Era un dedo en busca de la mano que quizás ningún brazo une ya al torso mutilado. Era una cabeza despojada lejos de su cuerpo, mirando el mar, hubiera sido hermoso, con gaviotas quizás y espuma para el. Un pintor lo hubiera amado…

Pero ellos odiaban cada ola y su sonido

(Yo odio cada ola y su sonido)

Eran huesos raspados. Eran babas de miedo, orines, gritos sordos sobre la tierra. Eran cuerpos de carne desgarrada a puro metal. Eran rictus de cadáveres mordiendo la tierra. Eran hombres que dejaron caer sus corajes como sus otoños. A mi me dijeron que griegos y troyanos se mezclaron bajo los arboles, ambos buscaban leña para sus fogatas…para sus muertos. Y así fueron apilando maderos y leños. Las hogueras iban a ser inmensas. Todos buscaban sus muertos. Difícil era reconocerlos. Lavaban sus rostros con agua salada de ese mar, que hubiera sido hermoso con gaviotas quizá. Y así iban dividiendo los muertos…este es tuyo.

Este es mío

(este es tuyo)

Este es mío

Amontonados sobre los carros, ciento cincuenta muertos para cada lado. Hacinados sobre leños, ciento cincuenta nombres, ciento cincuenta hijos, trescientos ojos. Y así quemaron esta tristeza en la mañana en una parva como para espantar a los siglos, dulce era el amor vivo que aunaba almas y ahora crujís bajo fuego.

Los cuerpos se iban fundiendo con la leña, la sangre hervía, y el olor a carne quemada se prendía en las ropas y en los cuerpos de los que aún estaban vivos. El humo negro de las fogatas se elevaba alto, alto y llegaba hasta las cumbres del nevado Olimpo. Los que lloraban lo hacían en silencio, todos se cuidaban de no molestar al silencio…

Menos el mar….

Yo perdí un amado

Yo perdí un hermano…amado

Y como y quien tiene la culpa. Y cuando empezó lo que ahora sucede y como y quien tiene la culpa.

 
posted by La Vero Vero at 4:04 p. m. | 8 comments