miércoles, 18 de abril de 2007
La ciencia se parece a la poesía

Dice un (des)conocido ensayista que no somos nosotros los que leemos a los libros, sino que son los libros los que nos leen a nosotros y que por tanto nos necesitan. Sin embargo habemos algunos –expertos en romper ordenamientos naturales- que dependemos de los libros. Que más allá de la composición física de un texto, sus formas (físicas y literarias) o todo lo que hacen o deshacen; aquello se podría resumir como una insaciable sed por algo.



Yo creo que los lectores pueden ser públicos y/o privados. El lector privado será aquél que busque satisfacer la sed de su búsqueda abriendo puertas jamás imaginadas, lo dicho pasará con la poesía, la novela, el cuento y hasta el ensayo. Los lectores públicos en cambio, creo yo, son aquellos que al haber tomado un libro (re)construyen el discurso que encuentran en él -discurso que puede no haber sido intencional, pero discurso al fin, pues precisamente es en un libro o en una expresión artística donde alguien cuenta la realidad desde su punto de vista (punto de vista que cree, que imagina o que ha descubierto como cierto)-. Así el lector privado tiene dos opciones: compartir lo descubierto o atesorarlo, pero el lector público tiene una sola obligación, devolver esa (re)construcción de lo leído al lugar de donde vino. Es decir a la poesía, la literatura, la teoría, etc.


Solo de esta forma se llega a amar realmente estos ámbitos de creación humanos que terminan materializándose en letras y que siempre se ocupan de narrar todo aquello que nos rodea.



Un cientista, por tanto, no es más que un extraño tipo de poeta o literato, que (re)construye las diversas lecturas de la realidad que, en el proceso cognoscitivo, llegan a sus manos. La diferencia entre un cientista y un poeta, por ejemplo, es el impacto social directo; lastimosamente el diseño de las sociedades y economías mundiales está listo para prescindir de un poema; más no de una política pública, por ejemplo. Por decirlo de otra forma, un poema puede salvar un alma, pero no una sociedad. Una teoría puede cambiar una sociedad pero no un alma. Esta creencia es la que me lleva (en un plano totalmente personal) a llevar a ambas de la mano. Pues, curar/salvar el alma es una asignatura pendiente de toda la vida, una tarea cotidiana. Curar/salvar a nuestras sociedades (desde nuestras ópticas personales) también lo es. Por eso mismo son inseparables.



Es a través del proceso explicado, breve y caóticamente, en el párrafo anterior que uno va reafirmando poco a poco esta pasión y va consagrando, primero su tiempo, luego sus demás recursos y por último su vida a la causa que motiva esa pasión inseparable hacia lo creído/querido. Y es ahí donde se produce el encuentro, el primer affaire entre los implicados: el investigador y la ciencia, el poeta y la poesía, el humano y la necesidad de (re)creación.


La camiseta y las canchas del juego



La idea viene –como debe ser- de una preocupación. De esas noches en que uno piensa que todo esta perdido y la idea viene a ofrecer su corazón.


Entonces, pregunto:

¿La comunicación no puede ser acaso un instrumento de emancipación del pensamiento colonizador y dominante, y por tanto de sus estructuras? La propuesta/inquietud no es nueva (si es que acaso alguna puede serlo) sin embargo esta claro que tiene enormes carencias, en el ámbito de la teorización y de la práctica. Por los que una constante búsqueda en este espacio será el de la comunicación para la emancipación, como entenderla y como aplicarla. Esta idea de hacer funcional a la comunicación para un proceso de emancipación abarcará ámbitos de estudio que van desde la comunicación, por supuesto, la sociología, los medios de comunicación, los derechos humanos, entre otros.



La segunda propuesta/inquietud nace ante la interrogante de que si ¿la comunicación no puede ser acaso un ámbito y/o instrumento para la consolidación de la democracia? Esta idea abarcará ámbitos de estudio como la comunicación política, la democracia, la política, la filosofía, los medios de comunicación. Por lo que la idea de comunicación para la democracia será otra constante en este espacio.


Sirviendo a la utopía – Perfil del utópico



“Me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos/Camino diez pasos y el horizonte se recorre diez pasos mas allá/Por mucho que camine nunca la alcanzaré/¿Para que sirve la utopía?/Para eso sirve, para caminar.” Dice el buen Galeano en su ventana a la utopía. Claramente, la ventana define el perfil de un buen servidor de la utopía. Un utópico tendrá por excelencia un sinfín de atributos: la constancia, la pasión, el objetivo claro, la honestidad, la ternura, pero quizás el más importante de sus atributos será la modestia, solo con ella tendrá claro que por más y más que avance el objetivo estará más lejano, y este “síndrome de/por la utopía” se refñejará con más énfasis en el cientista, pues nunca podrá abarcar todo el conocimiento existente, solo podrá hacer el mejor y más responsable intento. Por lo que la utópica de este espacio manifiesta desde un principio sus inagotables carencias cognoscitivas, metodológicas, incluso personales. Pero rescata de si misma, su compromiso con la camiseta y decide –a cuenta y riesgo- quedarse dentro de las canchas del juego.



Caminante no hay camino, se hace camino al andar



La única forma de aprender investigación es investigando, sentencia un amigo. Ahora invocando a Machado, trataré de explicar la lógica que regirá este espacio, el cuál se desenvolverá en los ámbitos ya mencionados. Y que buscará indagar sobre ellos a partir de la búsqueda, la (re)lectura de otros, la discusión, el debate, las críticas y apreciaciones, que serán siempre bienvenidos. Y por último, la sistematización de dicha información, lo cuál será el eje troncal de este espacio: las cavilaciones emergentes de la constante investigación sobre los temas, las conclusiones o por último las opiniones (coyunturales o no) sobre la comunicación y sus circunstancias.


Por último: la utopía ó la/el idea(l)



Que no es más que una confesión…

Creo, como amante de las letras, que es no solo posible, sino imperante, involucrarlas en este proceso de (re)creación.



Creo, como comunicadora, que es posible utilizar esta profesión/vocación como un instrumento servil para la justicia social a nivel nacional y hasta mundial. Creo que otra comunicación es posible.



Creo, como ser humano, que es importante trascender y que, con mis recursos a mano es necesario proponer algún cambio, solo por el necio gusto de pensar que no todo esta tan mal(*).



Creo que este puede ser uno de tantos caminos. Bienvenidos.



(*) “No todo está tan mal” es el título de una canción de René Uzqueda.
 
posted by La Vero Vero at 3:03 p. m. | 0 comments